FOLKLORE: Arte, cultura y sociedad N-03

caratula rev 3aEl conocimiento tradicional en nuestro país se asocia, en arqueología, al corpus tecnológico andino, concepto acuñado hacia mediados de los 90 en el marco de muchas reuniones y debates que hiciéramos colectivos de intelectuales de las diferentes universidades de país, tras la búsqueda de referentes documentados de la creatividad andina. En este contexto, como en otras oportunidades, pudimos congregarnos científicos, artistas, promotores culturales y quien quisiera ver y desarrollar una propuesta alternativa de sociedad más justa, desarrollada y creativa.

De esta forma es que creemos que los aportes y logros de nuestros ancestros y los estudios de nuestros maestros permitirían construir esos ideales. En este aspecto, el patrimonio inmaterial tiene todos los componentes de contemporaneidad y de continuidad necesarios para entender las diferentes dinámicas sociales producidas en nuestro país.

A saber de la bibliografía consultada hace 163 años, se acuñó el concepto defolklore por William J. Thoms como el “saber tradicional de las clases populares”. Desde esos tiempos de descubrimiento de un país diferente, que siempre estuvo ahí y que era –y es todavía– necesario conocer, registrar, documentar y promover, el patrimonio inmaterial ha sido poco atendido.

Parece increíble evaluar los alcances de investigación en folklore de las últimas décadas y darnos con la sorpresa de que el aporte académico al desarrollo y entendimiento cabal de este concepto no ha tenido mayores modificaciones que los que desarrollaron Arguedas, Merino, Morote y tantos otros intelectuales que insistieron con la necesidad de caracterizar los estudios y revalorar las costumbres que día a día se venían y aún se vienen perdiendo en nuestra atolondrada y descontrolada sociedad de consumo.

A casi cien años del natalicio de uno de los principales gestores de folklore, José María Arguedas, resulta fundamental -en su nombre- levantar la voz de cualquier forma para fortalecer esta necesidad de conocer, conocernos y conocer a los otros en toda su dimensión. Desde que José María Arguedas define al folklore como “forma de sabiduría que sobrevive en la naciones civilizadas” o, más concretamente, como “conocimiento tradicional”, no se ha aportado mucho más. Es momento de reflexionar sobre el reto que tenemos en nuestras manos: profundizar en esta temática.

Por eso creo que esfuerzos editoriales, como el de la Revista FOLKLORE: ARTE, CULTURA Y SOCIEDAD del Centro Universitario de Folklore del Centro Cultural de San Marcos, son conquistas directas para revertir esta situación. Se viene realizando desde el 2007 y apunta a convertirse en el medio intelectual de referencia del desarrollo y estudio del folklore en nuestro país. Esto, y el maratónico esfuerzo de mantener una de las escuelas de folklore más grandes del país, consideramos es el aporte más valioso que nuestra Universidad ofrece en compromiso con la sociedad. Creemos que venimos cumpliendo este reto con creces. Eso caracteriza a la acción cultural de San Marcos.

Mis parabienes por este esfuerzo al CUF, a su director, a sus profesores, alumnos y colaboradores; clasista y combativamente, así, al estilo de San Marcos, vienen logrando muchos avances en pro del folklore del país.

Carlos del Águila Chavéz
Lima, diciembre del 2010

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