Ballet San Marcos: Un horizonte de renovaciones

La Casona, antiguo Real Convictorio de San Carlos, hoy día Centro Cultural de San Marcos. Vista aérea de la actuación por el día del 453 aniversario de la fundación de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

La Casona, antiguo Real Convictorio de San Carlos, hoy día Centro Cultural de San Marcos.
Vista aérea de la actuación por el día del 453 aniversario de la fundación de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

El Ballet San Marcos cumple 40 años! Naturalmente, esto es algo digno de celebrarse. Yo lo haré desde el punto de vista de un aficionado agradecido, agradecido por los muchos momentos de felicidad deparados por la contemplación de sus espectáculos. Desde el año 72, en que el grupo se reconstituyó bajo la dirección de Vera Stastny, y a lo largo de todos estos años, ha aportado al acervo cultural del país varias promociones de buenos bailarines y coreógrafos, enriquecidos por el concurso de maestros extranjeros (¿cómo no recordar los trabajos de Royston Maldoom, Ana Sokolow, Sara Pardo y Rogelio López, por ejemplo?), cuyo fruto ha sido un repertorio de piezas cada vez más variadas y creativas. Además, el Ballet San Marcos ha obrado como una suerte de estimulante más allá de sí mismo y su público, al promover encuentros y fusiones, aunque fueran transitorios, entre grupos en principio heterogéneos, pero que tenían el común objetivo de ampliar y profundizar el arte de la danza en nuestro medio; contactos de los cuales cada grupo emergía renovado y con mayor vigor.

La danza, ya se sabe, es el tipo de arte que tiene el privilegio de haber resuelto, mejor que cualquier otro, la vieja discordia entre el cuerpo y el espíritu. Gracias a ella, recuperamos, mientras dura, la unidad que tuvimos en el paraíso perdido. El Ballet San Marcos nos ha permitido vislumbrarlo una y otra vez. Honor a su trabajo.

José Carlos Huayhuaca


Como parte de un ambicioso y crítico replanteamiento de sus funciones, desde mediados de 2001 el Centro Cultural de San Marcos (CCSM) busca identificar la actividad artística y museológica de la universidad con los procesos más actuales y exigentes. Al asumir un lugar protagónico en la recuperación del Centro Histórico de Lima, el CCSM ofrece no sólo el principal proceso de restauraciones en toda la ciudad, sino también un complejo y audaz proyecto cultural. Un horizonte de renovaciones en el que la consolidación de rigurosas prácticas académicas va de la mano con la búsqueda de saludables fricciones creativas entre lo popular-emergente y lo pequeño-burgués-ilustrado. San Marcos ha sido siempre la universidad más antigua del continente. El reto actual es convertirla también en la más contemporánea y vital.

Esta línea, sin embargo, se encontraba ya implícita en la trayectoria singular de nuestro Ballet de San Marcos. Tal vez no haya en todo el Perú, un cuerpo de baile asociado a la gestión cultural del Estado que tan sostenidamente haya apostado por la renovación de los sentidos. En todos los sentidos de ese último término: el conceptual, el sensorial, el perceptivo. Más allá de sus impecables credenciales académicas, el Ballet de San Marcos viene desde hace años desplegando una impresionante actividad de búsqueda artística materializada en decenas de coreografías originales, articuladas además a una variedad de figuras locales y extranjeras que se alternan y renuevan, bajo la dirección general de Vera Stastny. Los resultados de esa continua experimentación y sana promiscuidad podrán por momentos parecer inevitablemente dispares. En su conjunto, sin embargo, ellos aportan un soplo de aire inusitadamente fresco a un medio lastrado por endogamias y recelos parroquiales.

Reforzando con acentos sociales esa amplitud artística, el Ballet de San Marcos viene ahora sumando sus esfuerzos a los del Consejo Británico para iniciar en los rigores de la danza a ochenta niños y jóvenes de la calle provenientes del Cono Norte. Un trabajo cultural que se enlaza a otro tipo de responsabilidades generando destrezas profesionales en la docencia artística entre aquéllos que parecían destinados a una marginalidad terminal.

Tal vez sea sintomático el que en su primera presentación pública, estos muchachos ofrecieran una versión singular de “La consagración de la primavera”: la revolucionaria composición de Igor Stravinsky, concebida como ritual pagano y ofrenda al renacimiento del mundo, deviene en un simbólico acto de fe hacia todo aquello que representa el futuro: el arte, los jóvenes, la renovación de lo social, la nueva comunión con la naturaleza. La universidad nueva.

Gustavo Buntinx


Quienes nos resistimos a renunciar al gozo que nos producen las gotas de lluvia estrellándose en el pavimento y a las hojas de los árboles cuando se mecen acariciadas por la brisa, tampoco podríamos imaginar un mundo estático, sin movimiento. Por eso es que, cuando el movimiento se traduce en danza, ésta se convierte en la celebración de la vida. El Ballet San Marcos ha sido a lo largo de sus cuarenta años de existencia la mejor demostración de ese concepto. Bailar en el Perú, un país donde la danza es sinónimo de fiesta, no siempre es fácil, y mantenerse como una institución abocada a la comunicación a través del lenguaje danzario por cuatro décadas resulta simplemente heroico.

La historia del Ballet San Marcos está claramente sintetizada en las palabras de quien ha sido su principal mentora y guía desde hace treinta y dos años, la Maestra Vera Stastny. Por eso no haremos mención a sus inicios, ni a los innumerables éxitos en el contexto nacional tanto como en escenarios extranjeros. Simplemente nos remitiremos a las oportunidades que disfrutamos de esta ave fénix en permanente revitalización, a los titánicos esfuerzos de su directora para concretar proyectos con coreógrafos y profesionales de la danza de reconocido prestigio internacional, con el ya consabido éxito de sus presentaciones.

El compromiso asumido por aquéllos que han descubierto en el movimiento su mejor forma de expresión es realmente encomiable, pues la danza en el Perú es una profesión que no ofrece beneficios materiales. Aquí se baila por placer, por la necesidad de sentir la vida en cada desplazamiento y la libertad de volar en cada gran salto hacia el infinito. La danza es una religión que se lleva consigo sin esperar nada con el único propósito de darlo todo.

Cuarenta años entre el aplauso bien ganado y la permanente lucha por el derecho a ser, a seguir existiendo frente a la incomprensión, frente a la indiferencia, frente a la inapagable esperanza que nos ofrecen los escenarios. El Ballet San Marcos es ya una necesidad para todos los que amamos la danza, para todos los que hemos vibrado con sus éxitos y hemos criticado sus ausencias. En este cuadragésimo aniversario deseamos que todos y cada uno de sus integrantes mantengan prendida la llama de la ilusión frente a nuevos proyectos. Deseamos que sigan adelante con la misma entereza cuando enfrenten otros desafíos. Después de todo, solamente han transcurrido cuarenta años, cuarenta jóvenes años frente a los muchos que nos quedan para aplaudir otros éxitos, para esperar otras auroras.

¡Felicidades amigos!

Fernando Torres

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